Disonancia

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Fiestas patrias Reporte de una noche de alegría y entusiasmo ciudadano

Uno de los mejores ejemplos de unión y celebración ciudadana es la noche del 15 de septiembre en que es remembrado el grito de Dolores que hace 202 años anunció la Independencia del pueblo mexicano.

Acercándose la fecha especial la ciudad se va vistiendo de verde, blanco y rojo. En los hogares se hace la lista para el pozole y en las escuelas se preparan los bailables de charros y Adelitas. En mi colonia, desde la noche anterior esperaban estacionados los juegos mecánicos y el famoso “quiosco de Echeveste” ya lucía adornado y listo para ser el centro de la celebración.

Llegado el tan esperado día, los puestos de comida y de diversión cobran vida, es la oportunidad perfecta para festejar y trabajar duro pues “será una buena noche de ganancias” asegura la Señora Linda Tavares, quien desde hace cuatro años atiende junto con toda su familia su puesto de tacos.

La familia Tavares es sólo una de las cerca de cien que se instalan para trabajar y al mismo tiempo ambientar la noche, como es el caso de Toño Cruz, quien es el operador del “Disco Ball”, juego mecánico al que no le falta fila por la buena música y emoción que le inyecta al gritar: “¡Quiero escuchar un grito de las mujeres!, ¿Ya se marearon?, ¿Quieren más?”.

Aunque pareciera excesiva y repetitiva la oferta por los veinte puestos de tacos, los quince de antojitos, los treinta en los que se juega la suerte (ruletas, globos, canicas) y demás variedades, la demanda es mucho mayor, todos los comerciantes tienen clientes, es sin duda una buena noche en la que no se dan abasto. Los visitantes compran y comen de todo, esta vez no hay crisis, no hay quejas, no se habla de política u otros males (qué bien es justo), simplemente se disfruta la celebración.

Por las calles hay chinas poblanas, bigotones y caras pintadas. La euforia es colectiva, los grupos de amigos con pelucas tricolor cantan y bailan, hacen sonar sus trompetas y maracas, están bien entonados para la fiesta que apenas está por comenzar. Hay alegría e ilusión por doquier.

Una pequeña vestida de Adelita le dice a su madre: “Olvidé ponerme mis collares de los colores de la independencia”, una frase esperanzadora en la que más allá de simples colores una niña le da un significado especial a los tintes del país en el que está por crecer.

Al acercarse al quiosco se van apreciando las notas y coros de una buena canción: “…que me toquen el Quelite, después el Niño Perdido y por último El Torito pa’ que vean como me pinto, ay ay ay, ay mamá por Dios…”. La banda no para de tocar y la gente a su alrededor agarra su pareja y se pone a bailar.

El momento de mayor entusiasmo se vive en punto de las once de la noche cuando el Presidente de colonos encabeza el Grito de Dolores, y todos los ahí presentes responden eufóricos en una misma voz “¡Viva México!”, se emocionan, se abrazan y siguen festejando. Es una larga noche de fiesta que no termina ahí pues, al día siguiente viene el desfile militar, el combate de flores, el recalentado y las memorias de un año más de celebración.

Este no sólo es el festejo de un sector de la población de León, toda su gente vive así las fiestas patrias, con júbilo y algarabía dejando de lado todo pesar, así se vive el entusiasmo de la noche mexicana en nuestra ciudad.

Carmen Balleza

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Esta entrada fue publicada en septiembre 23, 2012 por en Artículos, Ciudadanía y etiquetada con .
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