Disonancia

Por el gusto de hacer, ver y sentir diferente

Hay algo en Bach que te eleva

Hay algo en Bach que te eleva

                                                     Andrei Tarkovsky

Zhu Xiao-Mei pianista nacida en Shanghai y actualmente impartiendo clases en el Conservatorio Nacional Superior de Música de París, ofreció un delicado recital de piano en el Auditorio Mateo Herrera del Forum Cultural en el marco de cuadragésimo Festival Internacional Cervantino.

El programa se basó en una de las obras más destacadas y conocidas del compositor alemán y cumbre del barroco, Johann Sebastian Bach: Las Variaciones Goldberg. Esta treintena de piezas son fundamentalmente una, el Aria, de cuya línea melódica de bajo emanan todas y cada una de las variaciones que le siguen.

La concertista demostró una disciplina y  una entrega formidables que no podían dar otro fruto que no fuera una impecable ejecución de las piezas.

La obra como tal es espectacular, las variaciones se suceden una a una sin pausa. Virtuosismo y genialidad son palabras que apenas describen el excelente trabajo de composición basado principalmente en el canon. De lo solemne a lo festivo, de lo diáfano a lo oscuro, las piezas no pueden ser más distintas entres sí y, no obstante, su cimiento es el mismo. La arquitectura de las Goldberg demuestra el potencial del instrumento, el piano, aunque no fueron escritos para éste originalmente, además de demandar toda la concentración posible por parte del intérprete.

Hay algo en Bach que te eleva, dijo alguna vez Tarkovsky de esa forma tan abstracta y espectral que tiene la música del alemán y que no tiene otro efecto posible más que el de lo trascendente.

La audiencia escuchó pendiente el recital, expectante, para terminar con una larguísima y merecida ovación que hizo regresar a Zhu Xiao-Mei en tres ocasiones al escenario, al final de las cuales iba acompañada de un intérprete. En inglés, bañada en sudor por el esfuerzo, la  pianista hablaba a intervalos para que el intérprete pasara cada una de sus frases al público. Xiao-Mei comentaba que las piezas son de una exigencia muy alta y que por lo general agotan al músico que las interpreta, pero que ejecutaría una última pieza tradicional de su natal China compuesta en la misma época en que Bach escribía las Goldberg (1741). La pieza en cuestión se tituló Río de primavera al atardecer, y fue un arrebato de sonoridades y tempos muy alejados de la academia occidental barroca, pero altamente emotivos y claros, la pieza fue el gran final de la noche.

Al finalizar el recital, Zhu Xiao-Mei se acercó al público que aún no había abandonado la sala para firmar algunos autógrafos y agradecer la presencia de los asistentes.

Texto: Adrián García
Fotografias: Tania Pérez

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