Disonancia

Por el gusto de hacer, ver y sentir diferente

Sólo Música

La música puede dividirse sólo en dos: música y no música. Para llegar a la dicotómica sentencia habrá que ir bastante atrás en la etimología, no de la música, sino del Arte. La palabra arte tuvo alguna vez dos morfologías con significados distintos, a saber: Ars y Artis. La primera la diré al final. La segunda, Artis, se refiere a la técnica, a la habilidad o destreza necesaria para realizar tal o cual suerte. Aquí podemos distinguir arte de artesanía, por poner un ejemplo. Ars, en cambio, es el entramado conceptual que otorga a la obra una dimensión intelectual superior a la simple ejecución: es la idea, la filosofía, la conciencia. El Arte debiera tener los dos. Saltándome cualquier cantidad de años de historia del arte, crítica y estética, y enfocándome en una sola disciplina, la música: apelaré a mi juicio, que espero sea remotamente de buen gusto.

La música que es realmente música tiene que resonar tanto en la razón como en el alma. Nietzsche alguna vez escribió que la música es la expresión plena del ser. Curioso el caso de la música que siendo plenamente matemática es, para mi gusto, el arte más poético. Un maestro mío diría que es lo sensible del número. Con esto se refiere a que es el mundo entero, el cosmos, quien resuena en cada nota, la música es medida y ritmo de las cosas, es la física del espíritu: lo explica todo. Datos curiosos y completamente fuera de nuestra experiencia pueden resultar impactantes para quienes se dejen maravillar, como yo, por todo; o serán pura basura para tantos otros. He aquí uno de estos datos: informes del satélite WMap de la NASA, entre una cantidad vastísima de otras mediciones, arrojaron que la frecuencia de resonancia de los límites de nuestro universo oscila alrededor de los 440 Hz. En cristiano: El Universo resuena casi a la misma frecuencia que la nota “La” usada como base de afinación de la escala musical. Coincidencia, yo no creo en eso. Yo le llamo sincronicidad y no se lo achaco a otra cosa más que a ser parte de un mismo ente: el Todo. Pero como ya comenté, seguro a muchos no les interesa, y yo, en cambio, como Cortázar dijo: prefiero ser realmente idiota para ser feliz.

Continúo.

La música es el arte de la experiencia. Se escucha, se siente, se piensa, se analiza, se goza y te eleva. Es tan cercana a la vida porque se parece mucho a ésta: tiene ritmos, melodías y armonía. Como el cuerpo: hay un ritmo cardiaco, un ritmo respiratorio, un ritmo circadiano, etcétera. Se unen, se entrelazan y se hacen uno para formar una vida. No resulta ahora tan obsceno pensar en que es la música la que mueve a la conciencia a actuar. La Música (y todo el Arte) estructuran las sensibilidades y los intelectos para la receptividad de las ideas y los preparan para la generosa fertilidad que es la verdadera y, quizás, única vía de evolución: la creatividad.

Hago un paréntesis que explica esta resbalosa palabra, ser creativo significa eso: CREAR. En este mundo nos han metido en la cabeza que sólo un ente divino puede llevar a cabo semejante acción, pero no. Todo ser vivo tienen el impulso demiurgo de obrar con originalidad, la sexualidad es la primera de las grandes creaciones, la más original. ¿Qué es la originalidad? Antoni Gaudí responde: es regresar al Origen. Por eso el sonido y el silencio son pilares de la música, por eso la línea y el punto son los fundamentos de la plástica. Sin cimientos no habría nada.

Tomo como ejemplo las artes para hablar de revolución porque ¿Qué sino esta bella rama del conocimiento se ha visto enredada de polémicas entre lo purista-clásico y la vanguardia que desacraliza los huecos bustos de yeso? El arte se ha forjado de revoluciones, como la historia, pero es menos triste hablar de los muertos que enriquecieron el Espíritu que de los ríos de sangre que tanta guerra ha derramado y que a leguas ha sido inútil (nuestra revolución, sin ir más lejos).

De una a una, las transiciones entre períodos y estilos en la música académica siempre estuvieron plagadas de no pocas injusticias históricas, por un gusto particular y porque es lo que hace poco retomé en mi muy abandonada instrucción pianística menciono a Erik Satie: su música, extraña para la época  (finales del siglo XIX, el impresionismo, en otros términos) era más parecido al minimalismo de ya bien entrado el siglo XX que otra cosa precedente, un adelantado, o un chingón, en mexicano.

Si algo tienen en común las evoluciones de la academia, creo yo, es el entendimiento cabal de alguna reliquia sagrada para la pasada generación, entendimiento que les otorga el poder de bajar del pedestal al falaz ídolo: la armonía. Sí, un pilar de la teoría musical pero no por ello ha de ser intocable. Su entendimiento total permite el juego, el juego lleva al experimento y el experimento al progreso. Ser purista lo lleva a uno a ser obsoleto. Las ideas deben cambiar porque así cambia todo. Es un constante renovarse para no morir, es caminar, es tomar de los milenios sólo lo que aún sigue sirviendo y cambiar, a veces de manera violenta, lo que ya no sirve más que para estorbar. Es quedarse con el cimiento para reformar la superestructura, porque sea Bernini o Gehry, el fundamento que subyace a la novedad brota siempre de buscar el punto prístino: el equilibrio.

Las revoluciones hacen justicia a los crímenes de antaño y enmiendan los errores del pasado porque su motor es la verdad del instante, un instante metafísico (diría Bachelard) que observa el tiempo y los sucesos no de manera horizontal, causal y concatenada, sino en su verticalidad: en su profundidad, que es su sentido; y en su altura que son las implicaciones éticas de cabal importancia para el bienestar de los implicados, la materia y el contexto. Las revoluciones bien llevadas a cabo han de conducirnos al progreso, como el Arte y la Ciencia, así, con mayúsculas, ya he dicho en qué consiste que puedan escribirse de esa forma.

Así que la música es una fuerza extraña, posee y dirige, empodera. No necesito otro ejemplo que la revolución cultural de los 60´s. Liderada por grupos como The Beatles, una generación cambió de un golpe y para siempre lo que significaba ser joven, cultural y políticamente, somos sus herederos. Rompieron paradigmas y ¿Qué hicieron? Sólo música.

¿Qué es lo que nosotros haremos?

Adrián García

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Información

Esta entrada fue publicada en noviembre 2, 2012 por en Artículos, Revolución y etiquetada con .
A %d blogueros les gusta esto: