Disonancia

Por el gusto de hacer, ver y sentir diferente

La revuelta de lo inclasificable

Cada vez más queda demostrado que la concepción masificadora de las sociedades no es más que otra forma de echarle un lazo a lo que de hecho es complejo y escurridizo: la individualidad.

El siglo pasado fue la demostración de que los intentos por hegemonizar las sociedades eran tanto como tratar de guardar al fuego en cajas.  Las revoluciones verdaderas, entonces como ahora, son más bien las del reposicionamiento del individuo en la historia sin mayúsculas.  Las de la consciencia de que el fuego no es nunca el mismo, en ninguna parte, para nadie.  Las generalizaciones provocan la ilusión de comprender qué es lo que sucede, pero son más tóxicas que útiles si se tratan de introducir en las fibras de la experiencia individual; en esa valla de propiedades y de fugas que somos todos y que es el mundo.

La revolución pertinente en este momento sería, entre otras, la de asumir los ejes inseparables que lideran el contrapunto entre lo que nos hace iguales y lo que nos distingue: la certeza y el caos, la edificación y el derrumbe, lo sólido y lo fantasmal.  Es en esa tensión significativa donde se planta el mundo en que viviremos.  Y si su sombra es terrible o reconfortante dependerá de lo que hagamos o dejemos de hacer ahora mismo.

Texto: Juan Ramón Velázquez

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