Disonancia

Por el gusto de hacer, ver y sentir diferente

Vivaldi, sus espejos

® Teatro del Bicentenario - Gloria - Fotógrafo Arturo Lavin (2)El segundo aniversario del Teatro Bicentenario tuvo un programa integrado por tres obras excelentes de Antonio Vivaldi, barroco, impresionante. Con el teatro repleto, una proyección sobre la fachada del recinto recordaba toda obra, concierto y espectáculo que se ha presentado ahí desde su inauguración y, bajo el nombre del teatro, una cita de Sidi Larbi Cherkaoui daba la bienvenida: celebremos la interminable coreografía de la vida.

La Camerata de Coahuila y los Solistas del Ensamble de Bellas Artes se acomodaban mientras la gente los recibía con un no muy cálido aplauso. Al borde de toda la duela del escenario yacían arreglos florales.

Ramón Shade tomó su lugar al frente y entre las dos secciones de la camerata, enfrentadas entre sí, incluso el coro dividido en partes iguales, dejando el centro para ambas solistas.

® Teatro del Bicentenario - Gloria - Fotógrafo Arturo Lavin (7)Lauda Jerusalem abrió el concierto con un juego de espejos muy interesante. Ambas partes de la camerata dialogaban en una pieza corta y en un solo movimiento, como ecos o figuras análogas que un cierto efecto doppler (por mi ubicación en el teatro) acentuaban y hacían muy disfrutable el ya de por sí intencionado juego de matices de la pieza.

A continuación, y tras una breve pausa para acomodar de una forma más tradicional a los músicos, siguió el Magnificat, magnífico. Yo estaba encantado, tanto que olvidé el frío que había estado sufriendo.

El intermedio siguió a una muy merecida y efusiva ovación que compensó el desánimo aparente que fue el recibimiento primero.

La segunda parte consistió solo en el Gloria, dividido en doce partes, potente y muy hermoso. La intensidad de su primer movimiento es excepcional, para perderse. Fue como a la mitad que noté a una niña muy interesada al centro de la luneta, no creo que haya tenido más de 7 años pero se veía sumamente apasionada, al menos por el dinámico primer momento de la obra, por lo que pensé que ella ® Teatro del Bicentenario - Gloria - Fotógrafo Arturo Lavin (12)debía ser un prodigio o sólo yo muy inmaduro, como sea me concentré en escuchar el resto del concierto, intentando calmar un poco la emoción que había sentido.

Fracasé.

Un par de movimientos tranquilos y sencillos, no más de tres solistas para cada uno, descubrieron la función más destacable de la música: la mística. Si bien las obras de Vivaldi de esta noche fueron inspiradas en textos sacros, latinos, para el dogma católico. La música dimensiona muy distinto. Es puro espíritu. Ese fue el otro espejo. Ya no el técnico, el diálogo de las secciones del conjunto. Sino uno más íntimo.

La Camerata y el coro fueron ovacionados largamente, recibiendo el director y las cuatro mujeres solistas, un arreglo floral. Regalaron al final, de nuevo, el primer movimiento del Gloria (sí, ese de la niña, una maravilla).

® Teatro del Bicentenario - Gloria - Fotógrafo Arturo Lavin (15)Al salir, luces proyectadas en formas y colores sobre el teatro, humo y fuegos de artificio adornaron la noche para el teatro, en su segundo aniversario.       

Texto: Adrián García
Fotografías: cortesía Teatro Bicentenario

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