Disonancia

Por el gusto de hacer, ver y sentir diferente

Hacia el fondo, su sentido

Una pena que el Teatro haya estado casi vacío. Se hizo notar en el recibimiento primero. La pieza que abrió el concierto Pie Jesu, necesitaba de pocos instrumentos, así que el cuarteto de cuerdas, la arpista y el organista accedieron al escenario con poco menos que un silencio expectante. Sólo cuando la soprano y el director de la orquesta sinfónica de la Universidad de Guanajuato, Juan Trigos, salieron de un costado de la caja de resonancia que era ahora el escenario se escuchó un leve aplauso, no por falta de ganas, quisiera pensar, sino por falta de público.

Del Fondo del Abismo OSUG -∏ Teatro del Bicentenario (06)Como sea, comenzó a tocarse Pie Jesu, de la autoría de Lili Boulanger, una mujer de salud quebradiza y un  don para la música. Murió muy joven, tanto que me hace preguntarme qué he estado haciendo yo, ya que esta pieza la escribió en su lecho de muerte, a los 24, una pieza muy sentida, fúnebre, sombría, y, como en el resto del programa, no pude dejar de notar una cierta figura femenina en la narrativa de la música que ya Italo Calvino y otros autores (aunque literatos) habían indagado.

Compositora Georgina Derbez  -∏ Teatro del BicentenarioLa siguiente pieza, un doble concierto para flauta y piano, obra de la mexicana Georgina Derbez, presente en la sala,  ostentaba un par de asterisco en el programa de mano que anunciaban que lo que íbamos a escuchar era un estreno mundial.  Las texturas logradas por la orquesta eran fantásticas, también un cierto diálogo de las secciones. Tensión, es la palabra que merece esta pieza. Y quizás a eso se refería Calvino al mencionar la probable existencia de una narrativa femenina.  Una constante búsqueda de intensidad diegética (léase Si una Noche de Invierno un Viajero).

El intermedio fue una triste confirmación de que estaba el teatro muy solo. Yo crucé unas palabras entre las cuales apareció la ya mencionada tensión. Por lo que quizás Calvino no haya estado tan errado en su juicio.

Siguieron dos piezas gigantes, primero por el número de intérpretes (el Coro del Instituto Cultural de León hizo su entrada) y segundo por su hechura, una belleza. Las obras de Boulanger que cerraron el concierto, ambas de inspiración religiosa, un par de salmos, sonaron plenas. El coro otorga siempre una dimensión muy humana, por las voces, porque fácilmente uno puede perderse en lo puramente instrumental. No por nada, Arvo Pärt, que visitó no hace mucho el mismo teatro, considera la voz humana como el más hermoso de los instrumentos.

Humanidad, es quizás lo que más pudo sentirse en los salmos de Boulanger. Dolor, quizás el móvil de las piezas, Del Fondo del Abismo OSUG -∏ Teatro del Bicentenario (04)pero un dolor muy celestial, sublime. Sólo así puede crearse semejante obra tan joven. Como Arthur Rimbaud, que comenzó a escribir cuando tenía quince, dio a luz una increíble producción profunda y lúgubre, para dejar la poesía a los veinte. Son estas obras que no pueden juzgarse en su extensión sino verticalmente: hacía lo hondo, su sentido; hacia lo alto: su valor.

Con mucho pesar tuve que marcharme antes de terminado el concierto por un asunto familiar. Sin embargo vine a casa, encendí la computadora y tecleé, para no quedarme con las ganas, boulanger del fondo del abismo. El final es exquisito. Ojalá el público aunque poco, haya aplaudido mucho.

 Texto: Adrián García
Fotografías: Cortesía Teatro del Bicentenario

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