Disonancia

Por el gusto de hacer, ver y sentir diferente

Disoluciones


Los hermanos lucharán uno contra otro,

Y los hijos de las hermanas mancillarán el parentesco;

Caerá sobre la tierra una gran prostitución;

Tiempo de hachas, tiempo de espadas, de hendidos escudos;

Tiempo del viento, tiempo de los lobos, aquí desaparece el mundo;

Nunca los hombres serán clementes.

De la Edda Poética, tradición Vikinga

 

Habrá que pensar distinto, pronto. Transitar del yo al nosotros ya va dejando de ser sólo una opción. Es urgente y necesario.

Hablar de lo múltiple puede que carezca ya de impacto: multidisciplinariedad, multiculturalidad, multiverso, multi-todo. Los prefijos gustan tanto ahora, es ese vicio post-moderno. Pero si la postmodernidad se trata del deterioro de los grandes relatos (la democracia, el progreso y demás), ¿no resulta contradictorio fundar otra doctrina?

Yo sé que las palabras tienen poder, si no para qué escribo. Pero una de tantas enfermedades de ahora es que todo va quedando vacío. No hay mucha sustancia ya o no podemos verla. Las palabras padecen tristemente nuestra miopía de conceptos. Esta pobreza de lenguaje deteriora todo: el mundo es lo que nombramos. Si no podemos, no sabemos o peor aún, ya no nos significa nada un nombre, poco podemos esperar del futuro. Incluso las cosas que otrora eran monumentales y no podía ser comprendidas y aprehendidas por algún concepto tenían sus nombres  ¿Qué es hoy lo inmenso si en la mano me cabe una foto del planeta entero?

No estoy diciendo que no sea una maravilla poder tomar fotos del planeta, lo es. También el hecho de que un robot en Marte mande tweets a quien lo siga con fotografías de nuestro vecino cósmico. Pero quizás todo se ha vuelto tan rutinario que se nos perdió el asombro. Qué tristeza.

DisolucionesAhí estará el primer paso. Volver a encantarnos por la vida y por todo,  incluido el otro. Yo lo intento, parezco idiota a veces, molesto a otros probablemente. Sufro mucho entusiasmarme y voltear a un lado y observar que otras personas no pueden ver, como yo, algo que considero un espectáculo y me siento tonto.  Nunca sé quien está mal. Ayer por ejemplo, en un concierto, yo encantado, pero sólo oía durante el intermedio conversaciones que no pasaban de juzgar la primera parte de “bonita” o alguna otra opinión sensata y moderada ¿y yo? Emocionado, quizás demasiado,  tonto. Pero realmente espero que no y que otros se emocionen, como yo, como tontos. Así la vida es menos gris, Erasmo de Rotterdam no habría escrito un libro entero a la estulticia si no tuviera un poco de razón en que la plenitud tiene su parte de insensatez y bobería.

Lo que sigue es que estamos muy separados. Esta pinche vida que llevamos nos obliga a ser cada vez más solitarios,  cuando la grandeza de esta especie ha estado en lo colectivo. Así es como hemos sobrevivido.

De cualquier forma la repuesta se decanta hacia la cooperación, hacia formar comunidad y sentirnos como tal. El individuo puede sólo ser un órgano, nos dice Campbell. Y para tal hay que pasar por las disoluciones.

Los mitos nos dan forma como sociedad porque el individuo sólo es una deformación del espíritu humano, es incompleto y limitado. El mito, en cambio, es el sueño colectivo en el que depositamos nuestras intenciones, pasiones y saberes en conjunto, son sabiduría universal que descubre todo matiz del potencial humano para entendernos, desde el mejor hasta el peor de nuestros actos.

De los mitos aprendemos las disoluciones. Primeramente está la disolución del microcosmos. Es la vuelta al Todo, renunciar al egoísmo y entenderse como parte del cosmos. Fungir como órgano, no como un cuerpo acabado, porque no lo somos.

Luego vendrá la disolución del macrcosmos, son los ciclos, los grandes cambios, los periodos y las eras. Lo que está por terminar ahora es esto: una era. Tenemos que cambiar de fondo, en las conciencias. No sólo ver, como testigos pasivos lo que ocurra, sino caer en la cuenta de que somos parte de la esencia del mundo y que somos agentes de cambio. Quizás seamos el mismo mal que debamos combatir, pero entenderlo es vital para saber como lidiar (o lidiarnos).

Así acaba mi participación en Disonancia, ya no sé qué más decir sobre el tema más que dimensionar justamente nuestro lugar en esta tela tan variada y tan compleja, tan extraña, que resulta ser la vida. Somos nodos, lo que hagamos repercute en otros, como enjambre o esas nubes de pájaros que parecen uno solo. Podemos actuar así, el problema es que queramos.  Porque no somos nosotros un solo individuo, el yo, en algunas concepciones psicológicas, es un concepto vincular. ¿Qué es eso? Significa que la construcción de la identidad se logra a partir de los vínculos que formas. Tú eres quien eres, en gran parte, por lo que representas a otros. La intimidad es tal que uno se ve en otro.

Siempre fuiste mi espejo,

Quiero decir que para verme tenía que mirarte.

 

Cortázar, por supuesto.

No es afán de pesimismo abrir con la cita de la Edda Poética que poco tiene de buenos ánimos. Es más bien una advertencia. Tanta mierda podemos lograr como tanta belleza.

¿Hasta cuándo vamos a seguir creyendo que lo maravilloso no es más que uno de los juegos de la ilusión?

Otra vez, Cortázar, mi profeta.

Texto: Adrián García
Imagen: Varias Web

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Esta entrada fue publicada en diciembre 26, 2012 por en Artículos, Transición y etiquetada con , , , , , , , , , , .
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