Disonancia

Por el gusto de hacer, ver y sentir diferente

Como Hoja en el Viento

Una vez que hemos tocado fondo nos abrimos a los cambios más grandes

Avatar Aang, La Leyenda de Korra

 

Vamos a las palabras: evolvere, desenvolverse; del latín “ex –“, afuera, hacia afuera; y “volvere”, girar o darse vuelta.

Una definición muy acertada según creo, ya que si algo tiene en común toda la vida en este planeta son los límites, más específicamente el límite entre lo que hay adentro y lo que hay afuera: toda célula tiene una membrana que la contiene y la distingue de lo que hay más allá de ella.

La vida es tender vínculos hacia afuera.

Esta relación es mucho más íntima que definir tajantemente lo que es uno y lo que es otro. Para empezar hay que depurar un poco lo anterior: definir es una palabra fea, significa dar fin, y la vida no se define por eso. Es más bien un movimiento constante y para que haya movimiento ha de haber tiempo y el tiempo, al menos en nuestra escala, no tiene fin. Qué chingón.

Así tenemos que la vida es un continuo desenvolverse en el ambiente, esto es, una simbiosis. Tanto lo que hay adentro como lo que hay afuera es una misma materia. Materia que, al menos en el particular caso nuestro, se piensa a sí misma.

Cómo pasamos de aminoácidos a humanos es una historia muy larga (literal). Pero de nada servirá contarla si no se tiene en cuenta que somos herederos de una vasta historia de batallas y accidentes. Sí, accidentes, Bachelard ha dicho, no sin razón, que un accidente está en el origen de toda tentativa de evolución. Así se erigen las grandes historias: con malos pasos. Y nada tiene que ver con que algo salga mal, todo lo contrario, no por nada estamos aquí, yo escribiendo y tú sabrá que chingados estás pensando.

La idea de evolución se ha refinado constantemente. Aquí habrá que volver una vez más a las palabras.  Refinar habrá que tratarlo como una acabada conceptualización del fin de algo. No un fin como muerte sino una finalidad, no sólo en sentido utilitario. Total que la evolución ha sido la herramienta de la vida para ir avanzando. Pero el concepto ha migrado a otras ciencias, incluso a la física.

Aquí nos encontramos con una idea cautivadora, una selección natural cósmica. Basada un poco en la teoría de los universos múltiples, esta idea gira en torno a que los valores precisos que mantienen al universo funcionando tuvieron una infinitud de oportunidades de ser distintos a los correctos y por tanto, hay un vastísimo número de universos inviables.

EvoluciónEl que estemos aquí, así, ya no es una cuestión de dioses sino de pura estadística, pero no por eso habrá que hacer menos al universo. Suficientemente grande es ya nuestra tarea de conocer lo que tenemos a la mano, lo mínimo de respeto que nos merece el resto del cosmos es algo que se escribe ASOMBRO.

Otra cosa es que a la vida le gusta lo difícil. La evolución se ha visto impulsada de maneras extremadamente exuberantes en al menos siete ocasiones: cuando inició y luego de cada una de las extinciones masivas de las que se tiene registro.

No sorprenda entonces la cita con que inicio. La crisis no sólo destruye y mengua, también sana, fortalece y prepara, en una palabra: inspira.

En el Tri Murti del hinduismo, el dios Shiva lleva entre sus manos una llama y un tambor, más importante es su postura: está bailando. El tambor simboliza el ritmo, la llama la destrucción. Cuando se acaba un ciclo ha de venir la debacle, pero la Tri Murti se compone también de Brahma y Visnú: la creación y la preservación.

Importante mención tiene el baile en Shiva porque representa el movimiento y está indisolublemente unido al concepto de música, compuesta de pulsos y claro: sonido. Aquí es donde entra el tambor. El sonido es vital en muchos sentidos, implica comunicación y supervivencia para muchas especies y, para el humano, es origen de algo en extremo valioso: la palabra. Otro vínculo del interior hacia el afuera. En este caso vincula el espíritu con la materia, le da nombre y sentido a las cosas.

Así que tenemos por un lado la vida y la evolución, por otro la circunstancia. Los eventos críticos no sólo han causado desolación, los más grandes fungieron de origen.

Del caos al orden sólo hay un paso: la observación. Entendernos es nuestro destino. Carl Sagan en su serie Cosmos y a lo largo de su vida dijo que somos el intento del Todo por comprenderse a sí mismo. Para allá ha de ir la evolución: nosce te ipsum (conócete a ti mismo).

Máxime sabiendo que formamos parte de un organismo tan vasto habría que entender que lo que ocurra, sea bueno o sea malo, es fruto del mismo milagro: la puta existencia.

No queda más que ser como la hoja, fluir con el viento. Así funciona la evolución: aprovecha la circunstancia. Va con el mundo, nunca lo enfrenta.

Texto:  Adrián García

 

 

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