Disonancia

Por el gusto de hacer, ver y sentir diferente

A veces soy tan banal

A veces soy tan banal. De repente siento que mis gustos, por lo que vivo, mis sueños y en general a todo lo que soy afín, es lo más irrelevante que pude elegir, si es que en realidad yo lo elegí, en ocasiones me pongo a divagar, y trato de analizar ¿por qué  amo el fútbol?, ¿qué tienen los videojuegos y los cómics que no pude abandonarlos en mi infancia y los arrastro aún en esta etapa de mi vida? o ¿qué hay en las películas gore y de zombies, que aceleran mi corazón cual quinceañera viendo Marley & Me? Al final nunca encuentro respuesta, no es genético, nadie me lo enseñó, no crecí con eso en mi cotidianeidad, pero a pesar de no tener la más mínima noción de cómo coseché estos peculiares amores, cuido y arropo mis insustanciales pasiones como lo más preciado de mi desperdiciada y ociosa vida.

Creo que, aunque peculiares o simplones, mis gustos no son aficiones o filias dañinas, por lo menos, los videojuegos, las películas y los cómics. Por un lado, el sentarme en frente de la pantalla y jugar durante horas, me relaja y me invita a olvidar mis insignificantes problemas de joven de clase media por un rato. Las películas aunque un poco bizarras, sangrientas, grotescas y para muchos, enfermas, hasta el momento no me han convertido en un ser agresivo o psicópata, y por parte de los cómics, más que pasión, es un hobby inofensivo y sano, el problema, el gran problema, viene con el fútbol.

Amo a un suceso intangible y mediático, sufro por un deporte viciado, manipulado y corrupto, lloro de alegría ante el talento de un personaje que probablemente no sabe de mi existencia, me vuelvo iracundo ante las pifias de seres humanos imperfectos, soy un enamorado del espectáculo, pero debo admitirlo, es un amor enfermizo, una pasión malsana que me convierte en el más hostil de los ogros.

El fútbol es una quimera con mis sentimientos, puede hacer que mi día sea el más brilloso, que mi sonrisa sea obligada y que mis dolores tanto físicos como espirituales, desaparezcan, pero también me afecta en la tragedia, convierte una tarde soleada en la más oscura, gris y tempestuosa de las noches, maltrata mi corazón como la más cruel de las amantes y ahí en la derrota,  me deja sin consuelo hasta que la esperanza y la estúpida fe ciega remiendan las heridas y me hacen volver a confiar.

Puede que esto se antoje inverosímil para muchos, entiendo que este deporte pareciera un evento fútil que solo los bárbaros e incultos apreciamos. Sufro pero acepto cuando me dicen que todo es negocio, que todo está arreglado, lo entiendo, es real, pero aun así mi pasión me venda los ojos y los oídos, me muestra el lado noble, hermoso e impetuoso del fútbol, para seguir hipnotizado y enajenado por los siglos de los siglos.

Todo el que alguna vez, sufrió o gozó el sentimiento tal vez real o no del amor, sabrá que no se elige a quien amar, independientemente de nuestros gustos o personalidades, tu corazón no te pide permiso, ni para disfrutar de las pasión ni tampoco para llorar una decepción, es por eso, que a veces pido que se me entienda en mi burlesca afición, que más que afición, es de verdad una figura romántica y real que en ocasiones actúa como motivo para mis días.

Puedo parecer patético, sonar trágico y dramático, me leo y creo que estoy contando una broma acerca de una pasión sin fundamentos, pero antes lo he dicho uno no elige, dónde el corazón pega. Con lo siguiente probablemente recibiré desapruebas, me verán como un tonto y caeré de su agrado, pero mi pasión hacia el fútbol es tan tangible y racional como el amor al arte, en cualquiera de sus manifestaciones. No me malentiendan, no intento igualar en estética, composición y demás características, al deporte con la obra, pero lo que quiero expresar, es que el sentimiento que ustedes pudieran sentir al disfrutar un libro emotivamente perfecto, al ver una fotografía conmovedora, en momento en que se escucha una melodía atrapante y reveladora, es el mismo sentimiento que yo puedo experimentar ante un gol de último minuto que trae consigo la obtención del tan anhelado título.

La pincelada del artista se traslada a mi realidad y se convierte en un túnel al contrario, una chilena que manda el balón al fondo de la portería, padezco del síndrome de Stendhal hacia el fútbol, la llanura verde, sus dos porterías y el balón son el lienzo perfecto para los 22 artistas que me seducen con sus obras.

Aquí, creo es donde radica la belleza de la vida misma, en el asombro hasta de lo más barbárico como puede ser una competencia física, al final lo que importa es sentir, el sentimiento es el mismo si te enamoras de la más noble de las doncellas, como si te enamoras de la más cruel de las ninfómanas, el dolor será el mismo si tu corazón se rompe por una traición o si se topa con la realidad del olvido, en todas sus formas la pasión y el dolor van unidos, no puede vivir uno sin el otro y sus manifestaciones pueden ser tan majestuosas como el amor de madre o tan triviales como el amor al fútbol.

Texto: Jorge Flores

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Esta entrada fue publicada en febrero 11, 2013 por en Artículos, Pasiones y etiquetada con , , , , , , , , , , , , , , .
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