Disonancia

Por el gusto de hacer, ver y sentir diferente

El corazón al fuego

La pasión de un coleccionista de uñas de los pies no es muy distinta a la del coleccionista de memorabilia que paga vientos de miles de dólares por alguna guitarra famosa.  Ambos consideran que su acceso a las cosas (o a las personas o a una cosa, o a una persona o a las cosas) es determinante para su forma de estar en el mundo.  Un examen superficial revelaría que las corazas amarillas que el primer coleccionista atesora en frascos es sin duda diferente a los instrumentos que acumula el segundo.  Lo que los une, sin embargo, es una necesidad de reafirmar lo especiales que son; cuánto perdería el mundo con su desaparición.  Nuestras pasiones (el coleccionismo es sólo un ejemplo didáctico) son manifestación de nuestra historia personal y de cómo los eventos en nuestras vidas han repercutido en nuestras voluntades.  Cada pasión, cada sensación exacerbada, es motivada por nuestro anecdotario personal y conforma un bloque indispensable de lo que somos.

Leonora Carrington

Leonora Carrington

Las pasiones son características y aniquilantes al mismo tiempo.  De entre la multitud de elementos que consituyen a un individuo, las pasiones destacan por necesidad.   La intensidad es uno de sus signos y es normal que abrasen.  Pero también, cuando hacen combustión, funcionan como disolventes.  Nos reafirman pero al mismo tiempo nos asimilan.  De cualquier modo, representan la parte a la que hay que apostar en la pelea de la voluntad contra la desesperación.  Son las pasiones las que pueden poner a girar de nuevo los mecanismos internos que se encuentren atrofiados por el desgaste, el descuido o el directo abandono.

La depresión, la melancolía, la desesperanza, la pérdida… Todas ésas son cosas que también se caracterizan por su intensidad pero que no pueden ser calificadas como “pasiones”.  Pareciera que para merecer ese título se necesita de cierto componente activo.  La pasión es un aporte personal al mundo como respuesta a lo que nos ofrece.  En cambio las parcas enunciadas más atrás son producto de quedarse sin respuestas frente a las circunstancias: anulan nuestra reacción (nuestra voluntad) y nos vuelven propensos a lamer heridas, con alta probabilidad de infección.

Dedicarse a algo que sea tan apasionante como para olvidarse de nosotros mismos por un rato es un modo útil de locura que, en ocasiones, puede conducir a algo muy parecido a la felicidad: la satisfacción de ser nosotros mismos.  Aun si lo que nos gusta es coleccionar recortes de uñas de los pies (actividad que no recomiendo personalmente, pero que puede ser de utilidad al que le interese ir por ese camino).

Una maestra retirada que ha pasado por muchos sufrimientos pero que no tiene intenciones de rendirse me dijo una vez que pusiera el corazón en el fuego.  Ésa es una manera verdadera de ser: dejándose arrebatar, exponiéndose a los dolores y las dichas, notar que el fuego quema pero también resplandece, hundirse en la pira de sacrificio para propiciar el asombro de vivir.

Texto:  Juan Ramón Velázquez Mora
Imagen: Varias web

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2 comentarios el “El corazón al fuego

  1. Rodolfo Hurtado
    febrero 23, 2013

    Compañero, el último párrafo es la sustancia del tema del mes.

  2. Juan Ramón
    febrero 23, 2013

    Gracias por creerlo así, compañero. Saludos.

    Atte: Juan Ramón.

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Esta entrada fue publicada en febrero 21, 2013 por en Artículos, Pasiones y etiquetada con , , , , , , , , .
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