Disonancia

Por el gusto de hacer, ver y sentir diferente

Alma pájaro

Así se revela el secreto sueño del hombre: convertirse en pájaro

Érick Sablé

 

Las aves me han llamado últimamente. No sé para qué. Lo cierto es que tengo en mis manos un libro titulado La Sabiduría de los Pájaros que es, para no sonar tan exagerado, una chingonería.

Esto empezó a inicios de año, compré un bebedero para colibríes que colgué frente a la ventana por la cual mis días siguen pasando uno tras otros sin mucho interés para quien no vea lo maravilloso que es mirar a estos pajaritos volar hechos la madre y hacer lo que les ha sido otorgado sólo a ellos en el mundo de los pájaros: flotar.

Los colibríes son muchos, más de trescientas especies, sólo viven en América, así que fuimos bendecidos. Por otro lado, hay que cuidarlos y sobre todo, hay que verlos.

El Colibrí ha sido asociado a una variedad de ideas enigmáticas y secretas. Simboliza la resurrección, es un pájaro que no duerme, entra en letargo. Su metabolismo acelerado requiere de alimentarse cada día con el equivalente a su peso en néctar, por lo que corre el riesgo de morir dormido, por lo cual su organismo se “apaga”. Su temperatura corporal cae hasta los límites de la supervivencia y su pulso cardíaco, normalmente superior a los 250 latidos por minuto (duplicado mientras vuela), cae a 30. El colibrí, por las noches, prácticamente muere y revive con el sol, todos los días.

Es símbolo de la inocencia, la infancia, la felicidad y el amor; y todo ello se relaciona con la fragilidad y ya no hace falta mayor explicación de por qué habrá que cuidarlos. Muchas otras cosas se pueden decir de estos animalitos pero vayamos a otras.

Existe en el mundo un acercamiento espiritual a la figura alada. El Lenguaje de Los Pájaros, ha sido por mucho tiempo un lenguaje místico, para iluminados, porque los pájaros son heraldos de los estados más elevados. ¿Por qué la lengua de los pájaros? Porque es el idioma del cielo, el sonido más cercano a los orígenes, con los pájaros, el cielo se hace presente entre los seres terrestres.

Dioses, héroes, budas y santos han sido ubicados como entendidos del lenguaje de los pájaros. Un lenguaje cifrado, lenguaje rítmico, muy emparentado con la poesía y la música.

Olivier Messiaen fue un compositor francés contemporáneo. Fue encarcelado durante la Segunda Guerra Mundial, donde compuso su Cuarteto para el Fin de los Tiempos, que los invito a escuchar. Pero Messiaen viene a cuento por otra de sus obras: El Catálogo de los Pájaros, obra que surgió del delicado estudio del canto de varios pájaros, trasladados a partitura con complejas estructuras rítmicas que bien alejadas están de lo que llamaríamos en occidente ritmo. La naturaleza una vez más nos dice: cállate, yo hice mejor música millones de años antes que tus ruidos.

Y bueno, el ave es signo del espíritu. No por nada una entidad de la trinidad del cristianismo es una paloma. No es gratuito que un evangelio apócrifo muestre al niño Jesús formando aves de arcilla y dándoles vida con un soplo: aire, el elemento de los pájaros.

Aprovecho que se me ha ocurrido pensar en un posible revés que se diera en los comentarios para decir que: para fines prácticos de este escrito me valen madre los pájaros que no vuelan, no vale la pena molestar a Darwin, por esta vez, con ese tema.

En fin.

Alma PájaroSi hay algo claro sobre la idea del pájaro es su ligereza. Por eso vuela. El ave está más cerca del cielo y de las estrellas. Allá todo parece imperecedero porque, aceptémoslo, a la tierra es donde se van los muertos. Volar es promesa de lo eterno, de escapar a esa otra fuerza de la naturaleza que nos ata al suelo: la gravedad.

Desde Einstein eso ya no es sólo una cuestión de magia: viajando en el espacio, entre más rápido se vaya, uno envejece menos. Para mayor información véase La Paradoja de los Gemelos. Despegarse del suelo es el antídoto contra el tiempo.

Pero podrán pensar ¿a mí que chingados con los pájaros? No es el pájaro, es su misterio.

El ave vuela sin anclajes, podría parecernos que sin peso. Qué crueldad es tenerlos presos.

Sobre esto debo hablarles de mi abuela. Su patio está rodeado de jaulas con canarios. Parecerá una pena y de hecho me da tristeza pensarlo, pero los ama, comen mejor que yo, así de fácil. Les da pan, previamente hecho migajas; lechuga, zanahoria, jitomate, sandía, melón y papaya. Por si acaso les faltara proteína les da claras de huevo cocidas, el aparente canibalismo es perturbador, pero a los canaritos parece que les vale un pito.  Como sea, mi abuela lo hace porque le gusta sentarse a escucharlos cantar. Si cantan, no creo que se la pasen tan mal.

Hace mucho conocí a un pajarito pequeño y regordete que se posaba en la mañana en un pilar que sobresale de la casa de enfrente mirando hacia el oeste, canta una escala descendente, así, los ocho tonos sin falta ni desafinarse. Lo perdí de vista por un tiempo, pero desde que los colibríes me visitan a diario, mi casa se ha vuelto un oasis de pájaros.

Volvió el pequeño regordete de la escala descendente, los colibríes se pasean desde las seis de la mañana, a veces antes, hasta las siete de la tarde. Lo más surreal es una bandada de cotorros que sepa la chingada de dónde salieron pero le ponen color al evento que todas las tardes veo por la ventana donde cuelga el bebedero. Desde que tengo memoria unas aves grises y pequeñas que mi mamá llama torcacitas anidan en la casa, además, un pájaro que vuela sumamente bonito viene todas las tardes a posarse en la antena de televisión, tiene el pico anaranjado.

Mi mamá me contó que cuando era niño un colibrí anidó. Para su desgracia el nido quedó en una rama muy baja y cada vez que alguien salía al patio se asustaba. Mi mamá temía por los huevitos, que eran realmente diminutos y yo en algún punto decidí cuidar el nido y a la mamá colibrí. Me cuenta que me sentaba por las tardes en el patio y advertía a ella o mis hermanas de salir en silencio y muy muy agachadas para no asustar a la mamá y evitar interrumpir su momento de empollarlos. Los colibríes nacieron y no pasó mucho hasta que solitos se fueron, el nido lo guardó mi mamá y está en una vitrina, aún tiene los huevitos.

Las cosas se pusieron realmente mágicas cuando comencé a soñar a los colibríes.  En el primero de ellos vi a una chica que quiero muchísimo alimentarlos con néctar en sus manos, ella a huevo leerá esto así que espero que sonría. Luego yo fui el del sueño cuando un colibrí vino hacia mí y me tomó con sus patitas el dedo y me dirigió el camino. En el último los colibríes volaban alrededor mío, me hablaron y me dijeron algo como “sé paciente, la clave es el tiempo”.

Pero bueno, si me preguntan ¿jaula o no? Yo prefiero los pájaros en el cielo. Son un recordatorio bellísimo de que estamos hechos para la altura, en la tierra sólo se pudrirá el cuerpo. No lo necesitamos para volar, El Principito lo deja para volver a su hogar.

El camino entonces será la conciencia. La mayor libertad es la del espíritu, como el alma que se eleva del cuerpo durante el ejercicio del Phowa, una práctica yoga que se conoce como “Transferencia de la conciencia al momento de la muerte” o  en otras traducciones como “La Muerte Consciente”. El sujeto se escinde de su materia para entrar en un estado puro de energía donde, algunos dicen, el alma vuela a través del éter.

Personajes como Rudolf Steiner, enigmáticos, si buscan su biografía encontrarán palabras como filósofo, artista y esoterista, entre otros, ¡Un caso, vaya! Es digno de mención porque bien ha tratado el tema de la libertad. Él dijo de la mariposa, que ésta era una flor que vuela, una especie de último estadio de la flor que se aligera y emprende el vuelo.

¿La humanidad también lo hará algún día?

Sí, algún día venceremos la gravedad y la materia será éter, por el camino de la conciencia, siempre. Una conciencia fundada en la comunión de lo diferente. Si para mí es un colibrí, para ti es un petirrojo, hay pájaros para todos.

Para qué hablarles de lo que he leído que es libertad, sólo voy a conseguir aburrirlos. Es más poético y hermoso dedicarnos a los símbolos, cada quien les otorga su sentido, y no obstante, tienen un origen compartido.

Ser libre es ser capaz de pensar los propios pensamientos.

                                                                                                              Rudolf Steiner

Tenemos el cuerpo y la vida para nutrirnos el cerebro y el corazón (la inteligencia necesita los dos), de allí en más es una jaula del alma pájaro, sí, preciosa y con todos los servicios y cuidados, pero estamos aquí para tomar vuelo, sólo el espíritu nos llevará lejos.

Texto e imagen: Adrián García

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6 comentarios el “Alma pájaro

  1. Rodolfo Hurtado
    marzo 27, 2013

    El artículo es verdaderamente estupendo, Adrián. Aparte de ovillo multicolor para que cualquier gato inspirado se quede rumiándolo, menos mal que todavía hay textos que son continentes de ideas y de cosas y no nada más cascarones de kermesse con harina y confeti. Mira que no alcanzo a darme cuenta si para darle fuerza a todo esto habría que hacer debates, aquí mismo, en vivo y a todo color, tan agrios como se pueda si es así como se van pudiendo. Y digo…, para saber también si estamos vivos por acá y no sentirnos como entrando a una cueva, o como a una mina estéril, más bien… llena de oro y mineralitos preciosos, pero que fuera del brillo no dicen ni pío.
    Pero bueno, mira, que tengo tal vez la otra cara de esta moneda que arrojas y la voy a poner aquí sólo en términos de ambiente y por abrir un espacio a la imaginación, aunque sea. Ah, y para ejercitar la opinión. Mi opinión, pues.
    Creo que emprender el vuelo, para el hombre al menos, viene siendo una cosa más contraria a lo celeste, porque lo visualizo así: es un vuelo hacia la raíz, hacia la tierra, hacia adentro, y que no por esto tendríamos que pensar cielo-arriba, tierra-abajo (un poco el estigma de que el sur está abajo [pero abajo de dónde -!-]) y que este vuelo incluiría, por principio, una aceptación de que estamos vivos más la necesidad de confiar en ESTA vida, y que esta vida nuestra es, primero y por naturaleza, terrestre y física, y que renegar de nuestra materia no nos vuelve más puros ni más ligeros ni más espirituales. Recuerdo ahora este pensamiento: el árbol que más crece, el que más se eleva sobre el suelo hacia la luz del sol, es porque tiene también las raíces más profundas. Crece en la montaña y está más cerca que ningún otro árbol de la nube y el rayo, pareciera que anhela su muerte en esa elevación, se expone lleno de orgullo a su propia destrucción en la tormenta.
    Las religiones, valga el ejemplo, nos van vendiendo un mundo posterior, un mundo ideal. Y estaría de hecho todo perfecto si no fuera por este error fundamental: pensar que la muerte no es el tope de nuestra vida natural, esperar otra cosa, darnos permiso de no asumir cada acto.
    Pero ver nuestra vida orgánica como mero ensayo de algo, como una pura impureza, ver con ojos tan llenos de mito a la muerte, es lo que nos ha apartado de la responsabilidad de lidiar digna, directamente con nuestras acciones y nuestra voluntad. Resulta que nada de lo que hagas o digas tiene efecto directo sino hasta que mueres, hasta entonces rindes cuentas en esos metamundos de mierda. Ah, porque somos seres trascendentes, ya se sabe: tenemos hijos, plantamos árboles… Y si en algo fallamos, si a alguien herimos… qué más da, ya se nos juzgará desde estas metatierras de mala madre, ya se decidirá si al cielo o al infierno. Y nos la creemos que es lo peor. Y fundamos nuestra civilización y nuestros valores en ello.
    Y esta tendencia tan verdaderamente depravada de deslindarse de la responsabilidad del acto humano es lo que nos ha vuelto una especie hecha de víctimas y delicaditos, de gente que no hace gran cosa, que no se anima a actuar de una vez por todas en función de su ÚNICA vida por el cielo que le tienen prometido. Lo más idiota, insisto, es renegar de la vida, renegar de nuestro cuerpo.
    Ahora, sí creo que el ideal del hombre lo da su espíritu, sí. Yo también apoyo esa idea. Pero el espíritu es una sola cosa con el cuerpo. Los dualismos de catecismo son la pura idiotez. ¿Cómo vas a ser un compuesto dual? Eres uno, en ti va todo, ni divisible ni negociable. Pero el hombre se descuida, y se olvida de a dónde debe mirar, y pide ayuda a lo alto, y quiere despegarse del suelo.
    Yo apoyo el vuelo, Adrián. Confío en que el espíritu es el que te saca de la miseria cuando lo alimentas. Guardo esta misma esperanza de vuelo para mi existencia. Pero con este matiz, es un vuelo que mira hacia la Tierra, que vuelve de la vida un acto sagrado en sí mismo. Sería horrible que toda vida fuera sólo justificable en términos de trascendencia, de alcance. No hay tal. La vida ya es suficientemente hermosa, y la creación, el arte, en su caso, aunque se alcen a la luz del sol, se arraigan también profundamente a la tierra y son conscientes de su mortalidad.

    • adriangaro
      marzo 28, 2013

      Ciertamente, quizás di una idea un tanto incompleta con lo que escribí pero concuerdo en que más que una dualidad de materia y espíritu ,son un continuo indivisible porque sí, porque somos una sola entidad pese a toda idea de análisis que analizar significa eso: dividir. Bien sabrás tú que me acompañaste a ver a Morin, que pienso que la cosa no va por ahí y que es la unidad la que nos dará sentido porque el mundo aunque parezca discontinuo es un entidad completa, lo dice así la física que igualmente sabes que me mama y que trato mucho de entenderla en términos reales que a veces es tan difícil por su eminente abstracción.

      Pero en fin, el espíritu y la materia han de nutrirse una a otra por la sencilla razón que sin una no hay otra, la materia, sepa la chingada cómo, concibió la conciencia y la conciencia trata de explicarse lo primero, así funcionan las cosas y si sabremos o no la respuesta última a la vida, el universo y todo lo demás o abriremos una caja de Pandora tras otra como pinche muñeca rusa, no sé y nadie lo sabe, pero como en muchas otras cosas va valiendo madre el fin y sobre sale el medio y el trayecto, que al final de todo es lo más valioso, cuando haya un fin se acabará todo, pues, para seguir con los análogos, la naturaleza misma parece que no conoce un final, hay concatenaciones aparentemente infinitas de sistemas de sistemas y así hasta la chingada y eso más que una sentimiento de pérdida debería darnos una promesa de verdadera trascendencia, escribiendo libros o plantando árboles. Y ahora que menciono el árbol, que tú igual lo hiciste, es una imagen sumamente elocuente para lo que has dicho, ya que el árbol nace de lo profundo para proyectarse al cielo, es una antena, en el ritual del Temazcal, no sé si lo conozcas, el lugar en el que se hace se coloca frente a la tienda donde se realiza el ritual en sí mismo ya sea un árbol o un rama enterrada, como comunicando los dos planos.

      No sorprende tampoco que muchas tradiciones adoren a un árbol o los protagonistas de los mitos se vean relacionados con éstos, se me ocurre la zarza ardiente, Getsemaní, el mito de la elevación de Buda al Nirvana a la sombra de un árbol, los árboles de las Tierras Imperecederas, el Ragnarök, que si mal no recuerdo comienza al derribarse el árbol de la vida, el árbol de la vida mismo, y en fin, es una imagen poderosa.

      Igualmente recuerdo una especie de árbol llamada Pino Longevo, que vive como bien das el ejemplo en los límites de la vida a alturas de vértigo y que viven más de 5000 años, la gente que vive cerca de estos seres dicen que viven allí porque les gusta tomarse un muy buen tiempo para morir.

      Así que si bien la trascendencia está muy chingona, la verdad es que no tendremos oportunidad alguna de despegarnos del suelo, porque finalmente estamos hecho de materia, pero tampoco olvides que lo mismo que nos forma se formó a su vez en las estrellas, en el cielo, y muy lejos en el tiempo.

      • Rodolfo Hurtado
        abril 1, 2013

        Creo que ya se va cerrando el círculo de lo que podía ser dicho aquí, al menos, claro, que los compañeros disonantes gusten entrar en este diálogo, pero algo me dice que les importa un pito. Agradezco que admitas esta idea del ‘continuo’ cuerpo-alma, también va un poco por ahí lo que siento que nos deberían enseñar desde la escuela sobre la materia formada, materia con consciencia y también por ello con aspiración espiritual. Te acordarás de la frase que te compartía, algo así como ‘ellos miran al cielo porque quieren elevarse, yo miro a la Tierra porque estoy elevado’, que igual puede sentirse árida y henchida de orgullo, primero porque Zaratustra/Nietzsche ya se sabe qué clase de bato, segundo porque vivimos muy contentos con esta forma extraña y supuestamente humanista de degradar la acción propia, la voluntad propia, pura falsa modestia de niños buenosmozos altamente persignados, nos pintamos solos para ningunearnos. Y luego la variante más deplorable, ningunearse falsamente desde la arrogancia. Imagínate lo que tendrá que ocurrir en nuestra sociedad antes de que alguien, en alguna clase de ámbito, se anime a gritar que está elevado, sin que esto suponga una presunción. Lo cierto es que, para recalcar el ejemplo, mirar arriba se parece demasiado a pedir ayuda: allá no hay nada. Mirar hacia abajo, por su parte, es enfrentar la responsabilidad para con la vida propia. Muy a tono con el tema del nuevo mes.

        No sé, me parece normal que nos sometamos a tanta clase de discursos, y que en su justa medida podamos concordar un poco con cada uno de ellos. Cuando escucho a Carlos Flores, por ejemplo, me convenzo legítimamente de que el Arte merece la pena, la humanidad merece obsequiarse a sí misma estos sacerdotes, estos administradores de formas sensibles de los hechos teológicos. Y sé que hay verdad en ello. Luego dirijo la mirada rumbo a Europa y a su natural desencanto, y me topo con Brea y todos sus compañeros, con los posmodernos, y ahí nadie cree en nada, porque aseveran, y con justa razón, que nada hay en las cosas que pueda portar un valor universal, y aunque cale tanta amargura, cómo no aceptar que son reflexiones justas y necesarias para esta época en que todo quiere devenir estético nomás porque sí. No profundizaré en esto porque ya también tú lo sabes y aparte me está dando flojera escribir y me duelen los brazos demasiado.

        Creo que la dinámica correcta es someterse a tanto tipo de voces como sea posible escuchar. Así sean contradictorias. A ti que te gusta la Física, seguro habrás encontrado luego las -por otro lado naturales- incompatibilidades entre uno y otro autor, pero de todos modos te gusta someterte a uno y otro. Me pasa a mí con el cine, que leo a Bresson, o a Tarkovsky, o a lo que gente externa al cine piensa sobre el cine, como Eco, o Arnheim, o quien sea. Y es un griterío de aquellos, porque se contradicen bien duro. De todos modos razono que de conocerlos en persona probablemente me caerían bien de todos modos, aunque no se pongan de acuerdo sobre lo que el cine puede o no puede. Si algo hermoso tiene la humanidad, es que está llamada a la comprensión; decía un personaje en una película que se llama ‘Une femme mariée’: la inteligencia es comprender antes que afirmar. La raíz viene siendo algo así: cómo es que habiendo tantos cineastas que hicieron de su trabajo una propuesta digna, equivalente en fuerza y vitalidad independientemente de sus formas de proceder o de los aspectos más superficiales, como la ‘fotografía’ y esas cosas, pueden estar a un tiempo tan alejados discursivamente uno de otro en sus propuestas, en las respectivas creencias teóricas sobre su profesión. El producto final en todos ellos es lo mismo: una voz honesta, la voz propia, una voz que no busca imitar, sólo hicieron del cine su vida y en sus películas van ellos.

        Con este terreno previo de justificar lo múltiple, me parece que coincidirás que cuando se habla tan acusadamente de la vida terrestre, no es porque no se crea en otra cosa, en un después, sino porque más preocupante resulta que el hombre se desligue de lo que hay ante sus manos, ante su voluntad. Es por cobardía. Pensar que resucitarás el día final es cobarde, más allá de que ocurra o no ocurra. Es quizá un poco como ‘para que hago este trabajo hoy si la entrega es hasta pasado mañana, me queda todavía mañana…” o algo así. Pero como el continuo materia-espíritu que somos, claro que debe importarnos lo que habrá después. La importancia de nuestros actos. Suficiente poesía hay en afirmar lo del polvo de estrellas. De allá venimos y para allá vamos. Y es bello y natural. y la muerte es natural. Qué más da si reencarnamos, si hay un paraíso, si podemos, por otro lado, influir directamente en nuestro hermano que está al lado y que está vivo, y que incorporará nuestro recuerdo a la hebra total del tiempo, y nos llevará en su memoria cuando nosotros estemos muertos, alargando un poco nuestra existencia, si de eso se trata. Qué más trascendencia quieres. No sé. Como decía Dantés: confiar y esperar. Si hemos de vivir otra vida o no, qué más da, hay que utilizar esta que tenemos, sin descartar nada, sin pasar por incrédulos.

  2. Rodolfo Hurtado
    abril 1, 2013

    Oye, a WordPress como le gusta angostar las respuestas. Si me contestas te voy a tener que leer letra por letra, verdad.

    • adriangaro
      abril 1, 2013

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      sí, está padre el polvo de estrellas pero no lo cambiaría por que cuando me muera alguien se acuerde de mí cuando vea un colibrí o escuche a Ligeti que sabes que me mama tanto y hasta quisiera ser velado con su réquiem, aunque no me lo merezca.

      • Rodolfo Hurtado
        abril 2, 2013

        Más bien sí lo cambiarías, ¿no? Me confundes. Mira, a mí dame 60 kilos de polvo de estrella y aún así no te los aceptaría de trueque por nada. Pura moda eso del polvo, todos polvosos. Las pelusas, por otro lado…

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