Disonancia

Por el gusto de hacer, ver y sentir diferente

El esclavo

Hace mucho tiempo nació un hombre, un hombre que sin ningún pecado previo, sin ningún crimen por pagar llegó al mundo siendo esclavo, apenas salía del vientre de su madre y ya era prisionero de las ideologías de sus padres, ligeramente abrió los ojos a la vida y ya estaba atado a las tradiciones de sus abuelos y a la cultura de una ciudad, de un país que él no pudo elegir.

Arbitrariamente le fue impuesto un nombre, uno que él no pidió, uno que tal vez nunca le gustará, que llegará a ser motivo de burlas tal vez, pero no tuvo opción, tampoco la tuvo con su apellido y su ascendencia, ni sus padres, ni sus abuelos que nunca tuvieron la opción de votar por su abolengo.

Desde niño fue un esclavo, lo encadenaron a una religión, a la rutina semanal de visitar un templo, reverenciarse ante un dios que el jamás conoció y hasta el momento no había estudiado, creía por obligación, su fe era una orden incuestionable, impuesta por un gremio de gente sabia con vestidos blancos y pañuelos púrpuras.

Su educación más que un espacio de crecimiento, fue, desde un inicio un calabozo de adoctrinamiento, había muchos hombres y mujeres en su posición, en la misma esclavitud en la que él deambulaba a su corta edad, pero a diferencia de sus semejantes, este esclavo en particular era consciente de su situación, percibía el yugo de opresión por el cual toda persona vivía, era testigo de cómo la vida era un custodio que vigilaba celosamente el comportamiento de cada uno de sus esclavos y no permitía rebeldía alguna, ahí desde pequeño, el esclavo ya estaba enterado de su posición.

Fue creciendo, ya no era un niño, el esclavo era un joven, sus iguales, le contaban de algo llamado Libertad, algo que se busca, se encuentra y se protege, le decían que no era fácil conseguirla, pero que valía cada gota de sangre y sudor la lucha por ella, le dijeron que tenía opciones, que podía elegir, dejar de ser esclavo y verse en el espejo como un hombre libre.

Otros hombres le platicaban de las glorias de la libertad, le decían que ellos la habían encontrado y que era lo más puro en la vida, –pobres ilusos-, decía el esclavo para sus adentros, seguía viéndolos como prisioneros hasta de su mismo autoengaño.

Comenzó a creer en la libertad y en los tesoros que prometía, pero su fe no tenía ningún fundamento, más que las historias de los hombres ingenuos que creyeron haberla encontrado, pero el esclavo sabía y estaba seguro que existía y que algún día la encontraría, se apoderaría de ella y no la soltaría.

Primero comenzó con su religión, la cuestionó, la hizo débil, la evidencio ante la realidad y se despojó de sus leyes, se hizo libre de creencias, pensó.

Le siguieron sus tradiciones, amarradas a su familia por cientos de años, obedecer a los padres sin objeción, proteger a la mujer, ser el hombre y llevar la comida a la mesa, abrió un gran abanico de circunstancias donde estas tradiciones quedaban sin soporte y se derrumbaban, así creó nuevas conductas, propias, que solo el conocía y solo el comprendía y ahora era libre de patrones, pensó.

Una vez desatado de lo que sus ancestros habían impuesto sobre él, decidió buscar la libertad ante la sociedad, el mundo que creció con él y ahora le rodeaba, decidió que el gobierno estaba mal, que los lideres estaban mal y que había que hacer algo, hizo una revolución, se planteó en sus ideales y fue libre de mandatos luchando por imponerlas, ahora era libre ideologías, pensó.

Creció, libre, se hizo adulto, creía que debía ser feliz, que había dejado de ser esclavo y que ahora la vida tenía que ser diferente, pero seguía teniendo miedos, seguía preocupándose y seguía dudando, cuando alguno de sus ideales se ponía ante él como un reto, un reto que el esclavo no quería afrontar, su honor y sus creencias, las que  libremente había elegido, lo obligaban a enfrentarlo, le exigían defender en lo que creía, aun cuando en ese momento, honestamente no era lo que deseaba.

A veces dudaba de esas creencias y eso lo llenaba de pavor, las defendía ante los demás pero ante el mismo, las ponía en juicio, se dio cuenta entonces, que se había convertido en esclavo de sus ideales, que su lucha por la búsqueda de la libertad, lo había esclavizado a otros verdugos y a otras cadenas, fue triste de nuevo y supo que la libertad era un mito inventado por hombres ociosos.

Creció más y envejeció, su edad lo llevó a la enfermedad, acelerada por la tristeza que le producía sentirse esclavo, estaba tendido en su lecho de muerte, esperando la hora del final, sabiendo que moriría preso a sus ataduras, repasando su vida y su eterna lucha por ser libre, recordando tristemente como se había esclavizado a sí mismo y decepcionado, lloró por los hombres que inútilmente buscarían también la libertad, sus lágrimas le abrieron el alma, el pecho y cada de uno de sus sentimientos se ensalzo y su consciencia se amplió, entonces descubrió después de tanto tiempo lo que había estado buscando, se dio cuenta que la libertad no es dejar de ser esclavo, la libertad no te lleva a la felicidad, no es su propósito, la libertad genera dudas, miedos, ira, sudor y sangre, la libertad, pensó con una sonrisa, la libertad es ser esclavo, un esclavo de tus ideales.

 Texto: Jorge Flores

 

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Esta entrada fue publicada en marzo 6, 2013 por en Artículos, Libertad y etiquetada con , , , , , , , , , .
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