Disonancia

Por el gusto de hacer, ver y sentir diferente

El hombre más valiente del mundo

Ayer por primera vez tuve miedo de morir. Fue un temor extremo, me quedé sin aire, tuve mareos, sentí que el tiempo se detenía mientras yo imaginaba como sería no moverme nunca más.

En ese momento quise detenerme pero no me atreví. Iba manejando de regreso a casa después de un día cualquiera en el trabajo, y de pronto, me golpeó ese pensamiento. Nunca me interesó tener una idea clara de qué es la muerte pero ahora quería saberlo todo, aunque con la poca información sobre el tema que pude encontrar en mi memoria no di con una respuesta satisfactoria.

Al llegar a casa bebí un poco de whisky y me dejé caer en el sillón. Por unos instantes tuve la mente realmente en blanco y lloré. Fue como una expresión de mi ser que no pude controlar, como si fuera necesario descargar un llanto profundo que desahogara todo mi pesar, como si eso fuera el arrepentimiento de todo lo que hice o dejé de hacer en la vida porque estaba apunto de morir.

Después de una rato fue como si pudiera verme a mí mismo y sentí lástima, así que me levanté secándome las lágrimas y recobrando la postura, recogí el vaso rito sin recordar en qué momento lo había tirado, y me incorporé con la firme idea de tener un cambio de actitud, en hacer lo que nunca me había atrevido, aprovechar el tiempo que me quedaba, sin saber cuánto era, pero la verdad es que no supe qué hacer y sólo cambié el sillón por la cama.

Me pregunté cómo después de casi 38 años de vida jamás había pensado en su final, no encontré respuesta. Pasé toda la noche despierto, recordando que durante días pasados añoré tener a alguien cerca, una buena mujer como mi pareja, como confidente, pero esa noche me sentí mejor solo y agradecí que no hubiera nadie más en esta habitación.

Al salir el sol aún tenía el traje puesto y mi cama seguía tendida, pero no tenía ánimos de dormir ¿Y si ya no despertaba? Me decidí a seguir mi primera idea. No fui a trabajar y me aventuré a hacer un viaje a un lugar de ensueño.

A cinco horas de distancia hay una zona boscosa, donde ríos alimentan a los grandes árboles que ahí habitan, y la fauna vive libre y pacífica en su ambiente natural. Siempre quise visitarlo, pero mis pretextos rutinarios de tiempo, cansancio o fútbol no me lo habían permitido, pero ahora eso no importaba más, me aventuré.

Hacía años que no salía de casa sin tomar un baño, pero ese día no quité de mi cuerpo la ropa del día anterior, no traía corbata conmigo y la boca, ¡Al carajo el cepillo y la pasta! Para eso ya no tenía tiempo.

Debo confesar que disfruté como nunca manejar en carretera. Gocé de una paz que nunca había sentido. Trepé árboles, me revolqué en las hojas, caminé sin zapatos por los riachuelos y hasta tuve la oportunidad de tocar a un petirrojo. Era como mi paraíso privado.

Duré un rato acostado en el pasto pensando sólo en cuanto me gustaba el olor al bosque. Al levantarme, ya habían transcurrido más de 6 horas desde que llegué, así que decidí regresar a casa, la verdad, no me sentía pleno y además el whisky que llevé conmigo se había terminado.

Conduje escuchando la radio y encontré varias canciones que me hicieron cantar, otra de las cosas que mucho tiempo atrás que no hacía. Desde niño que no vivía un día como ese pero de mi mente no desapareció la idea de que podría ser el último.

Llegué a casa, quité las sábanas y me recosté sobre ellas, ya era casi un día nuevo y seguía sin darme un baño, cuando pensé en ello sonreí cual niño travieso, pero volví a sentir los escalofríos y el sudor del día anterior.

Me quedé sin valor de tomar el teléfono y llamar a alguien, fue entonces cuando recordé lo que alguna vez me dijo una psicóloga, para sobre pasar los miedos hay que enfrentarlos y vencerlos, eso fue lo que hice.

Escribí unas cuantas cartas para ciertas personas que supuse se preocuparían y fui a buscar mis instrumentos para comenzar y terminar mi terapia para vencer el miedo a la muerte en una sola sesión.

Para ese momento ya entendía por qué regresé a casa de ese hermoso paraíso, no soy un hombre que huye, así que, enfrentaré mis problemas para ser feliz. Tomé una soga y la colgué de mi ropero, hice unos nudos que mi padre me enseñó de pequeño. Al acercar el banco titubeé un poco, volví a sentir ese miedo que me carcomía las entrañas y me provocaba sudar frío, así que me dije a mí mismo “Anda Tomás, es la única manera de no volver a sentir esas chingadas nauseas por esta causa, vence tu miedo”, y entonces decidido, me liberé, ¡Me mate! ¡Morí!

Mis padres, mis hermanas y algunos amigos cercanos que recibieron sus cartas después de mi muerte estaban un poco enojados y tristes por mí, y me llegaron a tachar de cobarde o débil, no he debido de haber escrito bien esas cartas, no han logrado entender que yo me considero el hombre más valiente del mundo, porque vencí mi mayor miedo me libré de él, ¡Lo enfrenté y lo vencí!

Ellos no supieron cuanto sufrí en esas 29 horas que me torturó pensar en que podía morir, pero enfrentar el miedo, fue lo más honorable que pude haber hecho, así que les pido que si lloran mi partida también honren la causa.

Atentamente: Tomás, el hombre más valiente del mundo.

 Texto: Tania Pérez

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2 comentarios el “El hombre más valiente del mundo

  1. Rodolfo Hurtado
    marzo 27, 2013

    Es un buen cuento, Tania. Por el principio del texto ponías una imagen que me gustó mucho: Tomás no supo qué hacer cuando tuvo la revelación de la muerte y sólo se le ocurrió cambiar el sillón por la cama.
    Hoy en la mañana me propuse bombardear a Disonancia con todo lo que se me ocurriera, comentar porque sí en todas las entradas en que pudiera pensar algo, para ver si a alguien le importaba; creo que si alguien me sigue el hilo, como probablemente podrás hacer tú desde el dashboard, se pensará que estoy reiterando con demasiado afán mis puntos, pero no debe extrañarte demasiado, al fin es lo que me llevo a cuestas, lo que me acompaña esta semana de cosas que vi, que leí y escuché, ahora dónde las pongo. Las voy regando por acá porque simplemente no sé qué otra cosa hacer con ellas.
    Bueno, pero volviendo a tu imagen, que Tomás cambió la cama por el sillón y que confió y se mató, me hiciste pensar en la idea propuesta por otro bloggero admirable, aquella de que este mundo que nos vendieron quiere ser mundo terminado.Nuestro mundo occidental terminado. Y es esta la certeza más cruel y muerta que me puede venir a la mente, porque el mundo terminado es un mundo que funciona y que tiene claros sus lineamientos, pero que, perfección mecánica aparte, puede prescindir de nosotros y de hecho lo hace y lo hace muy bien, porque los que lo mantienen engranado vaya a saber lo que son pero de humanos nada. Y lo que estamos alzando aquí es ―tiene que ser― una verdad a contrapelo que sobre todo nos pesa y nos tiene que costar la vida, porque no vamos a aceptar mundos terminados. Está bien querer que nos cueste la vida, porque luego se entra en el terreno de las mentiritas piadosas.
    No sé lo que estoy diciendo.
    En una película que se llama Nostalghia un hombre debe cruzar de lado a lado un estanque con una vela encendida para salvar a la humanidad. Es un gesto, sí. Pero el personaje tuvo que creer en ese gesto, el mundo era cuanto era para su comprensión y mirada y en esa imagen confiaba. No tenía más armas que las de su experiencia y así el gesto no fue del todo inútil dentro de su vida. El mundo se ve únicamente desde la mirada propia. Hay que salvar ESE mundo.
    El autor de esta película contaba luego, cuando los comunicadores oficiosos le pedían explicaciones para la escena de ese gesto tan verdaderamente inútil, la historia de un hombre que todos los días en su oficina enderezaba un poco un cuadro que solía ladearse: era su modo de mantener en orden su mundo. Eso. En el mundo terminado los gestos están en relación al poder y a las estructuras, nunca en relación a uno mismo. Por eso luego suicidarse es cobarde, por eso a los pastoreados se les ve el miedito en los ojos y prefieren pastar en la tibieza y morirse gordos y lanudos.

  2. Diego Enríquez
    abril 9, 2013

    Me trajo a la mente un corto de una amiga mía. https://vimeo.com/16498869

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Esta entrada fue publicada en marzo 15, 2013 por en Artículos, Libertad y etiquetada con , , , , , , , .
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