Disonancia

Por el gusto de hacer, ver y sentir diferente

Algo más

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Será porque nos conocemos tanto y tan mal que siempre nos entran las ganas de definirnos.  No somos una piedra, una estrella, la pluma de un pájaro o la aleta dorsal de un tiburón.  Somos hombres y desde que nos dimos cuenta de ello hemos tratado de entender qué era lo que habíamos entendido, por qué lo hacíamos, etc.  Nos convertimos en seres capaces de identificar, clasificar y un montón de cosas que, según el enfoque, nos vuelven lo que somos.  Algunas de esas cosas han sido favorecidas por sobre las otras como la quintaesencia, lo más irremplazable de nuestra especie.  El catálogo incluye nuestros peculiares pulgares hasta el tamaño de nuestro cerebro, si atendemos a la fisiología.  En otras perspectivas se privilegian cosas como la voluntad, la moral, la razón y muy especialmente a nuestro tema: la libertad.  Ninguna de estas cosas tiene una definición universal —imposible entre los malabares retóricos y especulaciones vertiginosas de la filosofía.  Siempre quedan cosas por decir, por negar, por confirmar.  Cada vez que creemos haber alcanzado tierra el mar se ensancha otra milla.  La única conclusión que yo puedo adivinar entre la niebla es la de que siempre hay otra cosa que se nos escapa.  Siempre hay algo más.  Siempre somos algo más.  ¿Somos animales? Sí, pero no sólo eso.  ¿Somos elementos químicos combinados en complejidad alucinante? Sí, aunque no exclusivamente.  ¿Podemos desarrollar lenguaje, razonar, darnos cuenta? También, pero no nada más.  Aunque apliquemos los mejores esfuerzos, nada puede asirse por completo a través de la mera acumulación de conocimiento.  Hay siempre otra cosa, por encima o por debajo de eso.  Incluso lo banal tiene siempre múltiples caras brillando con distintos matices.

El acto de elegir es lo que constituye la potencia semántica de lo que todos más o menos entendemos por “libertad”.  Entre dos granos de sal idénticos podemos elegir uno con deliberación o por lo menos eso nos gusta pensar.  Si, como algunos creen, basta un instante entre todos los que han transcurrido para descifrar los demás, es normal deducir que lo que aparenta ser un acto de la voluntad más bien corresponde a una consecuencia inevitable de todo lo que ha sucedido hasta entonces, que a su vez prefigura lo que sucederá, etc.  Esto no quiere de ninguna manera decir que alguien o algo controle el asunto, ni que exista algún tipo de “consciencia cósmica” o papanaterías por el estilo.  El control poco tiene que ver con la determinación, aunque sea fácil confundirlos.  No somos tan afortunados: nadie está a cargo.

Asumiendo esto como otro plano nebuloso y provisional, creo que el hombre puede dedicarse a respetar ese misterio o a voltear hacia otro lado.  Aquí llegamos a la primera esquina del laberinto.  Tratando de hacernos más fácil el tránsito por el caos podemos anestesiarnos.  Poner especial cuidado en ese algo más que nos compone o sentarnos todo el día a suprimir nuestras consciencias por medio de la televisión, las drogas o lo que más nos guste para ese fin —las opciones no son pocas hoy en día.  A fin de cuentas nadie conoce las fatalidades a las que nos conducirán tomar una esquina o la otra.  Yo propongo que finjamos que tenemos sentido: desarrollemos los que nos sean necesarios para cultivar todo lo que haya de vigoroso y vital en nuestro azar particular.  El otro camino es la aniquilación.  El camino de la anestesia es indigno de la concatenación de eventos que desembocaron en cada uno de nosotros y nos tiene aquí, pensando en cosas.  Este breve espacio de conciencia es el único que tenemos para hacer de nosotros  algo más que saltarinas olas de billar chocando entre sí por toda la eternidad. Hagamos de cuenta que decidir entre escarbarnos la nariz viendo el nuevo episodio de Ventaneando o salir a descubrir algo sobre nosotros que no conocíamos antes es de verdad importante.  Imprimámosle carácter a lo que somos para honrar a la ínfima probabilidad de que hayamos sido alguna vez.

Texto: Juan Ramón Velázquez Mora

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2 comentarios el “Algo más

  1. Rodolfo Hurtado
    marzo 27, 2013

    Compañero, le comento aquí por la impresión de que disonancia se nos está quedando muy aséptico; también porque en la mañana pensaba que debía obligarme a comentar en toda entrada que me suscitara algo si quería que esto tuviera algo de lo que he imaginado.
    De mi recuerdo vago de complete unknowns recuerdo qué mínimo habían logrado imprimirle un cierto ritmo y un cierto ruidito. Acá no hay ruidito ni cosa parecida. Claro que, ya se sabe, mi condición despreciable de ermitaño me priva de conocer el mundo en red, desconozco cuánto movimiento habrá en la página de disonancia de Facebook, no sé si nos visiten millones de fans alrededor del mundo o si esto será un fenómeno parecido al catolicismo si no es que más desbocado. ¿Pero dentro del blog propiamente…? Creo, sinceramente, que el movimiento, si es que lo hay, debería estar acá. Aquí. Aquí mismo. La página tiene que estar viva y desbordada de ideas y de gente enunciando cosas todo el tiempo. O a lo mejor, insisto, digo esto porque desconozco el ambientazo que se cargan en las redes sociales, y allá si comentan y es un festín de opiniones. O tal vez, y esto sería lo peor, a nadie le importa nada y publicamos aquí una vez al mes para quedarnos nomás con nuestro eco.
    Pero opino esto porque confío en que todos podrían decir más cosas. Hay siempre más qué decir, pero también, al menos yo siento esto, nada encaja en ninguna categoría de entre las propuestas por el sitio, ni en los grandes temas mensuales que son la cosa más arbitraria, ni en León, ni en los de afuera ni en recomendación ni en nada de nada. Se ve uno atado de manos y se siente todo como una tarea, de vez en cuando.
    En otro texto, el de noviembre, refería usted a la revolución como lo revolucionado. Para seguir en el hilo de esos ejemplos, Compañero, está claro que la aguja de las rpm de un coche sólo sube mientras está todo en movimiento. Si el coche lo frenas el treinta de noviembre la revolución se te queda en efeméride. Y es muy cierto que poco se dice aquí que suene como a algo, quizá por lo que ya muy dice en los párrafos últimos de este texto, se detiene el coche mes con mes. Nadie se la cree que esto pueda encarnar una dimensión buscada, no deja de ser un proyectito, un algo de amigos universitarios, pero que no acaba por ganar malicia, por dislocarse para acabar de cuajar. Y quienes confiamos en este espacio mínimo de conciencia, como me atrevería a decir de usted por su constancia publicando, tendríamos que sentirnos responsables. O algo.
    No sé, tal vez si esto tuviera una pestaña con formato Foro, o si la presentación de los textos fuera un scroll sin pausa, como en un blog tradicional. Hay mucho cuidado puesto en la insonorización entre cuarto y cuarto (deshonor total para el título de la página con lo de la insonorizada), lo que se dice en las reseñas culturales difícilmente se comunica con lo que se dice acá, en los temas del mes. Está todo demasiado aislado, da un aire a hospital o cosa así. Bueno, Compañero, pero sus textos son importantes aquí porque no lo atrapa el acartonamiento de la pose del “y ahora vamos a escribir”. Pero vaya, que sólo estoy comentando hoy por eso, porque confío en que todo esto vire para bien desde el ejercicio, desde la práctica.

  2. Juan Ramón
    abril 3, 2013

    Quisiera precisar que desde un principio me he sentido intruso. A la mayoría de los que colaboran aquí ni siquiera los conozco; y si nos hemos visto no sé ni cómo se llaman. Me halagó ser considerado capaz de aportar algo a lo que fuera y creí que así me podía ayudar a tener la ilusión de utilidad por lo menos una vez al mes. Todo lo que digo aquí es desde esa posición extraña.

    No sé qué tan justa sea la comparación con aquel legañoso blog colectivo. Entonces lo hicimos como divertimento entre amigos. Aquí tengo la impresión de que es más “en serio” la cosa. Allá no teníamos otro objetivo más que publicar cosas, sin pretensiones ajenas a decir lo que quisiéramos. Aquí por lo menos existe la apariencia de organización, de metas (que desconozco) y parcelas. No está mal: a Complete Unknowns terminó matándolo el desinterés de los que le dábamos de comer. Tener planes y esas cosas puede ser útil a la hora de ordenar el esfuerzo de varias personas.

    Hasta donde yo me he dado cuenta no hay pachanga en Facebook ni en ningún otro lado.

    La idea de quedarse nada más con el eco me pareció dolorosa y cierta. Uno siempre espera perturbar al que lo escuche; al menos lo suficiente como para que exista una reacción. Dado el formato de los blogs, que permite comentar fácilmente el texto principal, lo que complace a la fantasía es encontrar secciones de comentarios a punto de reventar con polémicas, ataques, defensas, apoyos… Pero esos casos son muy pocos y dudo que alguien sepa con certeza qué los ocasiona —a pesar de los que viven de dar conferencias al respecto. En tal incertidumbre la complacencia es veneno. Hay que seguir produciendo cosas que sean dignas de merecer los minutos que cualquiera les dedique. Como usted bien sugiere: hay que aumentar las revoluciones aunque sea para escuchar ruido.

    Ahora un asunto central: el formato. La verdad nunca me ha quedado muy claro cuál es el sentido de nada. Sólo entiendo lo de los temas “macizos” cada mes y lo de cubrir eventos que —en lo personal— difícilmente podría atender. Puede que sea por no preguntar, pero siendo lo único que entiendo es también en lo único que puedo aportar mis deficientes esfuerzos. Que lo entienda tampoco quiere decir que esté de acuerdo. A mí también me parece arbitrario, entre otras cosas. También por eso me cuesta tanto entregar a tiempo. Por ejemplo, en el caso de este mes: ¿Qué ha dejado de decirse al respecto? ¿Qué no puede dejar de decirse? ¿Desde qué flanco se ha descuidado el tema? Nada, todo, ninguno. Así es difícil decir cualquier cosa sin aburrir o dejarse en evidencia, como ha sucedido conmigo mes tras mes. Sí: se siente como hacer tarea y no me gusta.

    Los formatos tienen razón de ser. Muchas veces veces son catalizadores paradójicos de la creatividad, pero en este caso no alcanzo a ver el objeto por ningún lado y —como también dice usted— tampoco entiendo cómo lo del tema “macizo” puede ligarse con el concepto del sitio completo, sea el que sea. Porque los eslogan como el de la esquina superior derecha suenan muy lindos pero no suelen decir nada. En buen cristiano: ¿Cuál es la tirada?

    Por supuesto que confío en nuestra capacidad. Sólo creo que los propósitos deben ser más claros y la maquinaria mejor aceitada.

    Me alegra mucho que lo que escribo le diga algo, pues lo admiro y lo respeto. Espero que no sea el único y que si alguno de los textos de cualquiera de nosotros resuenan en alguien nos lo escriba en los comentarios. Es bueno tener esperanzas depositadas, como en el banco, y yo también espero que podamos mejorar haciendo.

    Saludos de: Juan Ramón.

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Esta entrada fue publicada en marzo 27, 2013 por en Artículos, Libertad y etiquetada con , , , , , , .
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