Disonancia

Por el gusto de hacer, ver y sentir diferente

Murió con honor y entre aplausos Madama Butterfly

Diré que me incomoda un poco la exagerada y ridícula elegancia con la que muchas personas se disfrazan para ir a la ópera, como si entre más holanes, moños y llamativos colores se vean más intelectuales o artísticos. Aun así, me reconforta ver a quienes hacen un  intento simple por honrar con sus atuendos la importancia del evento y la belleza del reciento, y visten con una formalidad discreta, sabiendo que no son ellos los protagonistas de la noche,  pero quién soy yo para criticar las vestimentas, jamás me he destacado por mi gusto impecable…

“Mejor morir con honor que vivir en la deshonra”

En tres ocasiones se presentará la ópera Madama Butterfly en el Teatro del Bicentenario, la primera de ellas fue esta noche (por si lo leen a destiempo domingo 14 de abril), las otras dos serán el 17 y 20 de abril, con un elenco espectácular en el que se encuentra el recién creado coro del teatro.

Antes de platicarles qué tal estuvo, aquí los datos técnicos:

Dirección musical: Iván López Reynoso Cio-Cio-San (Butterfly): Violeta Dávalos
Dirección de escena, y Diseño de escenografía e  iluminación : Juliana Faesler B.F. Pikerton: Andeka Gorrotxategui
Diseño de vestuario: Mayra Juárez y Mariana Meza Sharples:  Armando Gama
Diseño de Maquillaje: Judith Castellanos Suzuki: Rosa Muñoz
Dirección Coral: José Antonio Espinal Goro: Gerardo Reynoso
El bonzo: Guillermo Ruiz
Príncipe Yamadori: Edgar Gil
Kate Pinkerton: Jéssica Dávila
Madre de Cio-Cio-San: Montserrat Rivas
Tía de Cio-Cio-San: Dora Garcidueñas
Hijo de Cio-Cio-San: Arielle Salomón
Cio-Cio-San niña: Ana Patricia Miyasaki

© Teatro del Bicentenario - Madama Butterfly - Foto Arturo Lavin (7)          La música abrió el espectáculo y no sé a los demás, pero en un principio me pareció algo lejana y plana, no porque sonara mal, era buena, pero era un sonido como de algo grabado, en fin, en el escenario, estaba Cio-Cio-San de niña, vestida de blanco y jugueteando con un globo que deja ir, así como su infancia para madurar de repente.

“Madama Butterfly” es un guión que Puccini escogió para convertirlo en ópera, y narra una tragedia japonesa de una joven mujer que tuvo que convertirse en geisha para ayudar al sustento familiar pero cree encontrar una feliz solución a sus problemas.

© Teatro del Bicentenario - Madama Butterfly - Foto Arturo Lavin (6)        Cio-Cio-San (que gracias al programa de mano ahora sé que es la traducción fonética al Italiano de 蝶, que en español significa Mariposa y debería pronunciarse como Cho-Cho-San) conoce al marino estadounidense Pikerton y se casa con él, enamorada e ilusionada por un futuro mejor y completamente diferente a lo que Japón le ofrecía, abandona su religión y por ende su familia y allegados la abandonan a ella.

Inocentemente, Cio-Cio-San, confía en las promesas de su nuevo marido americano adoptando el sobrenombre de Butterfly (por razones de traducción) y se muda con él en una casa “americana” pero en Nagasaki.

Éste es tan sólo el primer acto, dónde la felicidad y el  amor son abundantes pero el público comienza a distinguir cuál será la tragedia de la historia.

Butterfly ya ha pasado tres años lejos de su marido quién partió en el navío “Abraham Lincoln”, y al correr el telón vimos a una señora distraída en la costura guardando toda esperanza por el regreso de Pikerton.

Comenzando el segundo acto Butterfly y Suzuki, su leal sirvienta, tienen un dueto, donde Suzuki duda de que Pikerton vuelva pero la amorosa esposa le responde citando de memoria la romántica promesa de su marido, al terminar, el auditorio estalló en aplausos y gritos que hicieron al director de orquesta hacer que sus músicos esperaran un poco antes de seguir.

Después de la interrupción,  como segunda escena, Sharples, el cónsul, quien siempre apoyó a Butterfly, llega a casa de ésta para romper de una vez por todas el engaño en el que vive, Pikerton no volverá cuando los petirrojos aniden.

(Dato curioso: cuando Armando Gama salió al escenario en esta ocasión casi pierde su sombrero al golpear accidentalmente su cabeza con una de las tablas que colgaban como parte de la escenografía.)

© Teatro del Bicentenario - Madama Butterfly - Foto Arturo Lavin (11)             Antes de la mala noticia Butterfly rechaza contraer matrimonio con el Príncipe Yamadori a pesar de la situación de pobreza a la que se enfrentaban.

Cuando Sharples habla con Butterfly y la hace romper en llanto desamparado, ella le revela un secreto que guardó durante mucho tiempo, Dolore, hijo concebido antes de la partida de Pikerton, en ese momento un pequeñín de cabello largo y rizado salió corriendo de un lado a otro del escenario cautivando a los espectadores.

Debido a la importancia de la noticia, Sharples accede a contactar al marino para hacer de su conocimiento de la existencia de este niño.

A pesar de todo, Butterfly conserva la esperanza de que al regreso de Pikerton todo vuelva a ser felicidad, pero ella ignora que él se ha casado nuevamente en Estados Unidos, así que al ver acercarse el barco en el que partió la sonrisa vuelve a su cara.

Para cerrar el segundo acto Suzuki, Butterfly y Dolore llenan de flores olorosas la casa, pero éste que debió ser un acto amoroso y doloroso fue más un momento cómico gracias a Arielle Salomón quien jugueteaba con la canasta que tenía entre sus manos y aventaba desdeñoso los pétalos de flores dentro de ella, mientras las dos mujeres intentaban “sembrar la primavera”.

El tercer y último acto es realmente puro dolor, y no sólo por la trágica historia, la voz y actuaciones del elenco fueron realmente conmovedoras, en lo personal,  me tenían a la orilla de la silla esperando por el predecible desenlace (sobre todo porque lo había leído antes) y mantuve la compostura al no gritarle algo como “maldito mentiroso” o “desgraciado” cada vez que Pikerton cantaba, con su hermosa voz de tenor, el remordimiento que sentía por lo que había causado a Butterfly.

A demás de enfrentar el duro golpe de que su amado ya no correspondía más a ese sentimiento, Butterfly como madre vive la mayor de las tragedias y entrega su hijo a su desdichado padre y su nueva esposa.

La voz de Violeta Dávalos en esos momentos era temblorosa,  realmente se sentía el dolor que atravesaba su personaje, pero nunca perdió la potencia que la hacía llegar a todos los oídos de bella manera. Su compañera en la mayoría de las escenas,  la mezzosoprano que interpretaba a Suzuki también mantenía una actuación creíble contagiando pena a la audiencia con su canto acortado por sollozos pero jamás desafinado.

© Teatro del Bicentenario - Madama Butterfly - Foto Arturo Lavin (10)          Regresando a sus raíces japonesas, Cio-Cio-San se mata en un acto de honor con la misma daga que tiempo atrás había usado su padre.

          Cio-Cio-San, escucha como Pikerton la llama a lo lejos, ella extiende un brazo como tratándolo de alcanzar y queda inmóvil dando la pauta para que el telón bajara nuevamente poniendo fin a los 150 minutos de ópera.

Ahora sí los aplausos estaban permitidos, tanto que duraron casi los 10 minutos, y había momentos tan efusivos que hasta los músico de la orquesta que estaban debajo del escenario se asomaban para ver a quién era merecedor de tanto reconocimiento.

La salida de Violeta Dávalos fue el momento en el que los asistentes, que llenaron casi todas las butacas del teatro, se pusieran de pie sin dejar de aplaudir, haciendo que la soprano llorara de la emoción.

La sexta ópera del italiano Giacomo Puccini “Madama Butterfly”, (que sin maestría en este arte digo que no me atrapó en un principio), cerró con broche de oro y ahora, tan sólo en su primera función pasa a ser uno de los éxitos más que trae el Teatro Bicentenario a tierras guanajuatenses.

© Teatro del Bicentenario - Madama Butterfly - Foto Arturo Lavin (1)

Texto: Tania Pérez
Fotografías: Cortesía Teatro del Bicentenario

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Esta entrada fue publicada en abril 15, 2013 por en Actualidad y etiquetada con , , , , .
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